Optimismo y autoestima

La autoestima está en todas las salsas y naturalmente está relacionada con los pensamientos y conductas de carácter optimista. Si una persona no cree en sus propias capacidades, es poco probable que perciba su futuro con optimismo. En cambio, una persona que es consciente de sus capacidades (y consciente de sus limitaciones), aumentan las probabilidades de que adopte conductas de afrontamiento para intentar solucionar los problemas o mejorar la situación. Si adoptando conductas de afrontamiento, además, soluciona varios de sus problemas, aumentará su pensamiento optimista (círculo vicioso del optimismo).

Con lo cual, la fórmula del optimismo sería:

predisposición + aceptación de la realidad + consciencia de las propias capacidades + intentar soluciones

Y aquí habría que matizar:

a) predisposición (a salir del pesimismo)

b) aceptación de la realidad (tal cual es, lo más objetiva posible)

c) consciencia de las propias capacidades (y de las propias limitaciones)

d) intentar soluciones (conductas de afrontamiento, sabiendo que no existe una solución perfecta para cada problema, y que la mayoría de las veces se puede evaluar los resultados y rectificar).

El optimismo inteligente va ligado al intento de soluciones, al esfuerzo. Un optimismo sin esfuerzo, sin poner de nuestra parte, es un optimismo ingenuo.

Esfuerzo entendido como conductas personales y/o petición de ayuda a nuestro entorno afectivo-social, o profesional.

Optimismo

Mal empezamos cuando el optimismo se entiende como una visión maquillada de todas las cosas. Si alguien lo ve siempre «todo perfecto» no tiene una visión optimista, tiene una visión de negación de la realidad. Es una opción claro, pero en la mayoría de las ocasiones la realidad no es blanca o negra, sino gris, además un gris con muchos matices. Es un terreno más pantanoso y menos etiquetable, por ello a veces asusta, y se mira para otro lado.

Así entonces, cuando desde la Psicología Positiva, se alienta a adoptar actitudes positivas ante la vida, se refiere al POSITIVISMO REALISTA. Es el que muy acertadamente define Rojas Marcos (1): «los optimistas son personas que esperan que les vayan bien las cosas y se predisponen a ello» (…) «el optimismo no está reñido con la aceptación de los problemas reales o los aspectos negativos de una situación desafortunada», pero esta aceptación, para que sea positiva, tiene que ir acompañada de los intentos para resolver el problema o mejorar la situación.

Palabras clave de la actitud optimista: a) predisposición, b) aceptación, c) intención de afrontamiento.

Por otra parte, el exceso de optimismo también tiene algún efecto secundario, como el que señala el mismo autor: vivimos en un mundo en el que todo se nos ofrece como deseable y además siempre tenemos la sensación de que se nos exige ser «perfectos en todos los sentidos» (algún día hablaré sobre ello). El peligro es que ello puede conllevar a un estado crónico de insatisfacción y decepción con uno mismo.

Conclusión: optimismo sí, pero en la justa medida (como todo).

(1) ROJAS MARCOS, L. La fuerza del optimismo. Punto de Lectura, Madrid, 2006.

Psicología rural

En el ámbito rural, donde tenemos escasez de «casi todo», es bueno ampliar el zoom y apreciar lo que sí tenemos. Tenemos tranquilidad (a veces demasiada) al contrario de la vida agitada de la ciudad. La naturaleza nos rodea por donde mires, sólo hace falta calzar las botas adecuadas y salir a disfrutarla. No somos demasiados pero los que somos estamos, y es agradable valorar cada saludo y cada conversación (que no son pocas). En muchos núcleos poblacionales hay centros de salud, farmacias, tiendas de servicios así como hostelería y alojamientos. Es el caso de Villalón, pero en otros pueblos cercanos se carece de la mayoría de estos servicios. Es una realidad. La psicología en el ámbito rural pretende acercar la profesión y sus servicios a todas aquellas personas que necesiten orientación y ayuda psicológica para cualquier aspecto emocional o bloqueos personales, que puedan ser solventados con una buena escucha, empatía y técnicas psicológicas adecuadas.

Más que terapia

La psicología en general es más amplia que la aplicación terapéutica. En numerosas ocasiones no tenemos claro si pedir la ayuda de un profesional de la psicología. ¿Por qué ocurre? por que, por lo general pensamos que sólo hay que ir al psicólogo cuando creemos que padecemos un trastorno mental. Y no es así exactamente. Sí conviene acudir a un psicólogo cuando creemos que padecemos tal sufrimiento, pero también podemos ir al psicólogo cuando, en nuestro día a día, y, sin necesidad de padecer un trastorno psicológico, necesitamos el apoyo y la orientación de un profesional de la psicología. Este es mi caso. Trabajo en el ámbito humano previo al padecimiento de un problema de índole clínica. En este ámbito se encuentran las relaciones personales, la relación de pareja, bloqueos o conflictos emocionales, autoestima, estrés….